jueves, 16 de agosto de 2007


Once cuentos por encargo y un capricho personal. En cualquier caso una nueva vuelta de tuerca en el arte narrativo de Javier Marías (Madrid, 1951) que en 1996 recopiló y publicó esta docena de pequeñas piezas aparecidas en revistas y otras publicaciones dispersas en un volumen llamado 'Cuando fui mortal', título homónimo de uno de los cuentos, una historia donde cruza, fantasmal, y nunca mejor dicho, el mejor Henry James.


Marías sabe que la primera premisa de todo cuentacuentos es 'no aburrir', y así lo manifiesta en el prólogo que los acompaña: 'Lo primero que debe saber un escritor de cuentos es que nunca dispone de mucho tiempo y que el lector no admite que ese poco tiempo transcurra en vano'. Y nada de lo que se cuenta en 'Cuando fui mortal' es en vano, porque como en una danza macabra alumbrada por su prosa de carácter aquí más británico, criminal y morbosa que nunca desfilan historias como la del médico nocturno que visita por las noches las casas de las mujeres casadas; el guardaespaldas que ansía la muerte de su protegido; el fantasma que se pasea por la que fue su casa y tiene como maldición recordar todo lo que le sucedió en vida; los sentimientos de una actriz porno bisoña que espera el rodaje junto al compañero de reparto al que no conoce; la locura de un escritor que decide experimentar con el dolor máximo para poder describirlo; la historia de un hombre y una mujer asesinados por una lanza africana en pleno Madrid; la confesión de un futbolista amargado y mujeriego o la historia de una mujer enamorada de un fantasma a quien le lee cuentos.


Personajes, atmósferas y fabulaciones extraídas directamente de la literatura inglesa gótica, de su propia literatura (por aquí desfilan personajes y situaciones de 'Corazón tan blanco o 'Mañana en la batalla piensa en mí') y de un paseo alucinado por Proust, Borges y la calle Whitechapel. Pequeñas fulguraciones en la oscuridad para unos cuentos que pueden leerse con una sonrisa en los labios o una mueca pero que no dejan indiferente ni con lugar para el aburrimiento.

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